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El saraguro que se enamoró de los teodolitos y la minería

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Claudio Zhunaula enfrenta con una sonrisa y mucho conocimiento las críticas por ser un indígena que cree en la minería responsable. Su carisma, sin embargo, le ha permitido abrirse campo y enseñar a las comunidades el valor de esta actividad.     

Esa mañana -cualquiera, da igual-, el pequeño Claudio, el menor de nueve hermanos, miraba absorto cómo una persona veía a través de un extraño objeto amarillo, en la vía principal cerca de su casa, ubicada en la parroquia San Lucas, en Loja. Ni siquiera sabía qué era ni para qué servía, pero automáticamente se le metió el sueño de tener uno. No un juguete, no una pelota de fútbol, no una bicicleta… ¡un teodolito!

Para Claudio Zhunaula, saraguro, ‘trail runner’ e Ingeniero en Geología Ambiental y Ordenamiento Territorial, los días transcurren al sonido de su mantra: “caminante, no hay camino: se hace camino al andar”. Porque fácil no ha sido y, por momentos, fácil no es. Del racismo en las aulas universitarias pasó a la crítica de algunos de los suyos. En especial los antimineros a ultranza, quienes cuestionan el rumbo que hoy transita.

Los recuerdos se fraguan en su memoria y relata un episodio de su adolescencia, cuando se corrió la voz en su pueblo que, por efecto de un proyecto minero, se iba a convertir un lindo cerro en un hoyo y que sintió mucho susto, pensó que todos iban a morir. Años después se dio cuenta que estudió la carrera perfecta, porque obtuvo los conocimientos que transformaron su miedo en poder. “Nosotros, el pueblo tenemos que saber”, afirma, “no nos podemos creer de todo lo que nos vienen a decir”.

Años después, tuvo que enfrentar más miedos. Uno de ellos a la discriminación mientras estudiaba en la Universidad Nacional de Loja y otro a su profesor de la materia Mecánica de Rocas, que realmente lo intimidaba, y por quién estuvo a un tris de abandonar su carrera. Pero, nuevamente, al calor de su mantra fue abriéndose camino.

En el último tramo universitario, antes de graduarse, descubrió y empezó a estudiar un software llamado RecMin, de licencia libre y de licencia comercial. Fue como encontró sentido a todo lo que había venido estudiando. “Este software diseña minas, paso por paso, igual que un arquitecto diseña una casa”, dice con orgullo. “Determina las perforaciones que se debe hacer, la forma exacta que tiene el yacimiento y la planificación de cada extracción. Lo calcula todo”.

Sin embargo, su periplo universitario no estuvo exento de más obstáculos, tantos que parecía que la vida le quería pasar una broma pesada. Para entregarle el título universitario, le pidieron el título de bachiller y aquí fue cuando todo se alborotó. ¿Dónde lo había dejado? Era muy difícil encontrarlo en la pequeña casita donde había vivido, que contaba solo con dos espacios, uno para la cocina y el otro para una habitación donde dormían todos, él, sus padres y hermanos. Jamás apareció. Por lo que tuvo que hacer un trámite muy complejo para obtener el documento extraviado, y después de tantos ir y venir, finalmente se graduó.

Mientras eso ocurría, le dedicó todo el tiempo posible a estudiar el software desde su casa, no sin la oposición de sus propios hermanos mayores que le decían que para qué sigue estudiando si ya estudió, que debería estar trabajando. Ellos no comprendían cómo se preparaba. Y no solo eso. Tenía que adquirir las autorizaciones del software, pero no abundaban los recursos, por lo que debió hacer un préstamo para seguir con su plan. Y también dedicaba horas a trabajar en el negocio de comida de su hermana, vendiendo chanchos; así se ayudaba a sí mismo y a los gastos familiares.

Viajó al Perú, a Piura, para profundizar sus estudios del software y se formó como instructor con César Castañón Fernández, el creador de dicho programa. Empezó a capacitar y a dar conferencias, pero por su aspecto extremadamente juvenil, sumado a la falta de familiaridad de las audiencias con el software, tomó tiempo para que las personas confíen en su pericia profesional.

Sin embargo, poco a poco, haciéndose camino al andar, como repite constantemente, se ha ido valorando su trabajo. Recuerda, entre risas, que dejó su hoja de vida en muchos lugares (Municipio, la Junta Parroquial, etc.) y hasta hoy no ha recibido una sola llamada de nadie. Pero este “rechazo” le mostró que su mejor forma de conectar con las personas y transmitirles lo que le apasiona es a través de la palabra, con capacitaciones, conferencias y consultorías.

Pero no contento con ser un buen conferencista, decidió empezar, además, a hacer topografía y compró un GPS y una estación total, para también poder brindar este servicio. Y claro, encontrar por sí mismo sus añorados teodolitos. Todo esto bajo el paraguas de su empresa SOLTOPO (Soluciones Topográficas).

Durante todo este tiempo no ha sido fácil para él sobrellevar todo el asunto antiminero, casi tan duro como el racismo. No era bien recibido en las reuniones organizadas por estos grupos, en su pueblo. “No, contigo no”, le decían de manera intimidante y él se sentía como la oveja negra. Esto debido a que el pueblo indígena ha estado siempre acostumbrado a estar en contra de la minería.

La pandemia también ha impulsado otro tipo de relación con las audiencias. Se dedicó a dar videoconferencias diarias, transmisiones en vivo por Facebook. Un día, durante un entrenamiento de ‘trail running’, quiso hacer un video en una ruina que le habían invitado a conocer. Publicó el video y una página anónima lo republicó indicando que es un experto minero que debe estar buscando oro, que tengan mucho cuidado. Pero rápidamente dio la vuelta a la situación, posteando: “¿Qué tal una videoconferencia de minería?”, con una respuesta masiva. Luego de esa videoconferencia, la gente lo empezó a reconocer en la calle y a hacerle preguntas sobre la minería

En un día normal, empieza corriendo, mucho. Luego da instrucción, de la manera que se lo soliciten, generalmente viaja a distintas ciudades; hace topografía, que ha servido para ayudar a que la gente adquiera su título de propiedad; y también cuenta que ha decidido emprender con una granja de chanchos, que sirve para impulsar el negocio de venta de comida de su hermana. Él mata y pela a los chanchos. Al inicio lloraba al hacerlo, pero reconoce que la necesidad es mayor y que hay que hacer lo que se debe. Está contento de haber crecido y hasta poder dar empleo.

Su anhelo es que crezca su familia y que crezca su pueblo, y asegura que mientras Dios le de fuerzas, hará todo lo que pueda por ayudar a generar empleo, dar trabajo a las personas. Su mensaje para la comunidad minera es “que tengamos el carácter, el valor para poder hacer las cosas bien, tanto desde la parte pública como privada. Hay que demostrar al pueblo que se puede hacer bien las cosas y salvar la economía del país. La gente más que estar preocupada de que se exploten los recursos, tiende a pensar que hay plata y que quién se la va a robar”.

Al pueblo, a quienes se sienten amenazados, les dice “que tenemos que empezar a ver las cosas de distinta manera, sin exagerar. Podemos empezar a tener otra forma de vida. No ser violentos para defender una causa, sea la que sea. No ver tanto el futuro por lo material, sino por las actitudes, el rechazo de unos a otros es peor, eso hace más el futuro que las causas. A los seres humanos no nos gusta cuando vemos un cambio, pero debemos empezar a adaptarnos, debemos empezar a aprovechar de ese recurso que felizmente tenemos en nuestro país”.

Y para los proyectos mineros que ya están en marcha, recomienda “que no lo hagan por obligación, sino por deber, que no es lo mismo. Que cumplan las normas, hay que demostrar siendo ejemplo, solo así se recupera confianza. El ser humano se convence mejor con las acciones, con hechos, cuando ve”.

El Software

RecMin (Recursos Mineros) es un paquete completo de programas, la mayoría freewere, diseñados para gestionar proyectos de investigación y explotación de recursos minerales. Diseñado y programado por César Castañón Fernández, es el fruto de más de 20 años de trabajo con empresas de investigación y explotación de recursos minerales, junto con la aportación de muchos geólogos e ingenieros.

Es un software que básicamente esta en idioma español y también, si se lo desea, en inglés, funciona desde condiciones mínimas de hardware, lo que hace un software atractivo a cualquier profesional de las ramas de geología, topografía e ingeniera de Minas. Con el software puede modelar y evaluar sus potenciales yacimientos minerales, a partir de información topográfica, muestreos y campañas de exploración con sondeos, y también diseñar el minado del recurso, ya sea por métodos subterráneos o superficiales. No tiene costo de licencia, salvo en algunas excepciones complementos adicionales y específicos, los mismo que producto de sus ingresos se obtienen fondos para seguir ofreciendo la herramienta gratuita con herramientas actualizadas.