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Su corazón de minero palpita a cielo abierto

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Las primeras piedras con las que se relacionó fueron los cuarzos, porque en la oscuridad, al golpearlas sacaban chispas, y los esquistos, por su brillo. Desde niño sintió fascinación por recoger piedras raras en el río Pastaza, en su Tungurahua natal.

Las segundas piedras con las que compartió de cerca fueron las que se arrojaban cuando salía a las manifestaciones estudiantiles, como parte del bravo pelotón del Colegio Mejía. Corría la década de los setenta y Guido Acosta, con la rebeldía juvenil a tope, no era ajeno a protestar en las calles quiteñas, aunque ese entusiasmo se le cortó de raíz cuando, en quinto curso, un policía le propinó tal toletazo en la cintura que casi le parte en dos. En ese momento se prometió: “No vuelvo a salir más”, y lo cumplió de por vida, eso sí, marcado para siempre con la cicatriz de semejante golpe.

Y el tercer grupo de piedras lo fue apilando poco a poco a lo largo de sus 37 años de experiencia profesional. Para este Ingeniero de

Guido Acosta es un Ingeniero de Minas que esculpió su trayectoria profesional en medio de calizas. Defensor de la minería, se desarrolla entre consultorías, estudios, el liderazgo gremial, la jardinería y, por supuesto, la familia.

Minas, nacido un día de ‘Halloween’, 31 de octubre, hace 64 años, la curiosidad por descubrir los tesoros de la tierra lo llevó a ingresar en la Facultad de Geología, Minas y Petróleos, de la Universidad Central del Ecuador. Eran muchos los que iniciaban, 120, pero pocos los que culminaban. En su promoción, luego de elegir la especialización de Minería, egresaron siete.

En esos tiempos, la carrera no era tan conocida como las tradicionales de Leyes, Filosofía, Administración, Economía… “Nos conocíamos entre todos”, recuerda. Incluso se encontró con profesores del colegio, como Byron Caicedo, el famoso “Diablo” Caicedo del Mejía y Carlos Oquendo. De este último guarda una anécdota: en el laboratorio donde los estudiantes realizaban los ensayos, se solía quemar azufre y cuando alguno de sus compañeros se cubrió la nariz con un pañuelo para evitar el mal olor, este profesor lo expulsó del curso aduciendo que, si hacía eso, significaba que no servía para ingeniero. Nunca volvieron a ver al joven.

En medio de los estudios se le despertó la vena política, alternando las horas en clases con la actividad dirigencial, a punto que dos años después de haber egresado, seguía siendo directivo del Consejo Universitario. Y, aunque nunca le interesó terciar en alguna elección, no deja de leer, discutir y pensar en temas políticos.

Una vez egresado, aprovechó las ventajas de la Ley de Minería y accedió a prácticas pagadas por un mes en la fábrica de cal Cerro Azul, una mina de caliza en Guayaquil. El proyecto, en conjunto entre la Cemento Nacional y Holstein, se enfocaba en desarrollar una fábrica de cal que funcionara bajo normas INEN y estándares internacionales. La llamaron Calcáreos Huayco, que subsiste hasta la actualidad.

Allí, se endulzó con el trabajo de analista químico, pero un ultimátum del gerente General de ese entonces, Javier Vidal, le hizo apurar el desarrollo de su tesis para graduarse. “Se gradúa o se va”. Regresó a Quito y en tres meses lo logró. Se reintegró a la empresa, con el cargo de Jefe de Minas y Canteras.

La vida le tenía guardada una sorpresa, al ser becado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia para hacer el postgrado “Diseño de Canteras y explotación de mármoles en Carrara”, en Italia, en la famosa cuna del mármol. La parte práctica la realizó en el yacimiento de Fantiscritti, uno de los tres principales de Carrara, y la parte teórica en la Universidad en Florencia. Es el único técnico en Ecuador que ha hecho este tipo de cursos, lo que le habilitó para brindar seminarios y conferencias.

Explocen sería su próxima parada. Ingresó como de Jefe de Producción, para arrancar con la producción de dinamitas y explosivos. Lamentablemente, incómodo en la labor, abandonó el cargo y aceptó la invitación para presentar sus documentos en la fábrica de Cementos Chimborazo. Llegó como Jefe de Minas y Canteras y permaneció allí por ocho años hasta que fue promovido como Superintendente de Planta. Siguió dos años más.

Saltó, entonces, a la compañía San Luis, en Guayaquil, como Gerente de Planta de Canteras. Estuvo a cargo del funcionamiento técnico de todas las operaciones hasta el año 2000, cuando se dio la dolarización. Su sueldo lo recibía en dólares, pero ante los problemas económicos no podían seguir pagándole. Se retiró.

Regresó a Ambato, donde vivían su esposa, Rocío Laso, y sus dos hijos, Guido y María Grazzia. Ahí se dedicó a formar una empresa propia y a trabajar como profesional en libre ejercicio, hasta la actualidad. Su actividad específica es la consultoría minera. Opina que todas las áreas de concesión minera necesitan un asesor, pero su perspectiva no es la ortodoxa, cree que este profesional debe ser operativo, debe ser ingeniero de territorio, no solo hacer y firmar informes y auditorias mineras. El asesor debe dirigir todo y analizarlo. “Es una situación que no se da mucho en el país”, dice con pesar.

Lo que le gusta de ir a la mina es verificar que todas las instrucciones se cumplan y estén funcionado, que todo vaya cambiando y teniendo otra infraestructura física, porque de acuerdo a la explotación, la montaña va cambiando, va reduciendo su altura, sus volúmenes. Otra cosa que le gusta es la perforación, el hacer los cálculos de esos parámetros conlleva un profundo conocimiento de velocidad de detonación, características físicoquímicas y mecánicas de un explosivo, etc. Y hay que obtener una granulometría, de tal manera que el material entre en la planta de trituración y no se atasque, son parámetros muy técnicos.

“Hay que compenetrarse con la minería”, dice, por eso en el año 2000 fue parte de la creación de la Cámara Regional de la Pequeña Minería de Chimborazo, asociada a la Cámara Nacional de la Pequeña Minería del Ecuador (Capemina). Este gremio abarca Chimborazo, Tungurahua, Bolívar, Cotopaxi y Pastaza, con más de 200 socios. Él fue Presidente de la Cámara y dejó su nominación en el 2016. “Era un minidictador”, bromea, “no me querían cambiar”.

Sin embargo, su gran adaptación a las nuevas experiencias le ha llevado, desde el inicio, a ser testigo de primera línea de todos los cambios y procesos que se han dado con las diferentes leyes de minería. El uso del Internet también le fue de gran ayuda para conocer los trabajos técnicos que se realizan en otros países.

Mira en el tiempo cómo proyectos como Cóndor Mirador se han ido desarrollando. “No aparecieron de un momento a otro, se vino haciendo desde hace mucho tiempo, de hecho, se encontró cobre en la Cordillera del Cóndor, y creo que fue en parte causa del conflicto bélico con Perú en 1995. En este momento tenemos San Carlos Panantza, que es una mina tres veces más grande que Cóndor Mirador”, cuenta.

También es crítico, muy crítico, con los evenyos que afectan a la actividad. “Lamentablemente, en este momento, han tomado auge los antimineros y no ha habido una decisión de la Presidencia de la República de dar una mayor ayuda al sector minero. La Corte Constitucional lastimosamente toma decisiones que entorpecen el desarrollo de la minería en el país. Diría que no hay seguridad jurídica, aquí están las mejores empresas del mundo, pero ven amenazada su inversión. Hay gente que trata de usar la situación antiminera para aprovecharse en la parte política. Hoy mismo, hay candidaturas que están aprovechándose de decir no a la minería, sin ningún sustento técnico, válido. Por ejemplo, Yaku Pérez dice ‘no, porque no’, pero usa saxofón, anda en bicicleta, usa celular, en esos objetos intervienen todos los minerales metálicos que se extraen de la corteza. Por eso, hay que unirse como sector minero”.

Siempre tiene en su mente la minería y se esfuerza por mantenerse a la vanguardia en conocimientos, mientras actúa como Director Ejecutivo de Comisión Ecuatoriana de Recursos y Reservas Minerales, que lo conforman lo conforman todos los colegios profesionales del país, excepto el de Loja. Su escape recreativo es hacer viajes con su familia a un lugar recóndito, fuera del país o en alguna playa. Tiene por ‘hobby’ la jardinería, lo desestresa. Su piedra favorita es la caliza y el mineral la calcita. “Hay minerales metálicos que son muy lindos”, dice mientras mira con ternura y orgullo su oficina, nota que parece un museo. “Aquí hay minerales de diferentes partes del mundo, de lo que se ha viajado, y objetos de minería muy antiguos como megáfonos, lámparas de minero, planchas, me gustan los objetos con historia”.

Le gusta tocar la guitarra, aunque confiesa haberla dejado de lado en los últimos tiempos. Tocaba bolero, música nacional, baladas. Ríe al contar que su esposa dice que ya no tiene la misma voz que la enamoró.