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La ingeniera multifacética que quiere vestir de rosa a la minería

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Verónica Sotelo ha dedicado su vida profesional a la seguridad industrial. Instructora de trabajos en alturas y espacios confinados, capacitadora al personal operativo iletrado, especialista en evacuación en minería subterránea, guía de turismo y amante de los deportes de riesgo. Hoy, impulsa un proyecto denominado ‘Cascos Rosa Industrial Ecuador’, para impulsar el papel de la mujer en el sector.

Leer la hoja de vida de Verónica Sotelo puede dejar boquiabierto a cualquiera. En especial en la industria minera, en donde los últimos diez años ha expandido sus conocimientos para beneficio de ella y de los trabajadores. Enumerar la lista de habilidades que tiene puede ocupar un buen espacio, pero esta quiteña Ingeniera en Talento Humano de la Universidad Tecnológica Equinoccial (UTE) desde el 2013 que incursionó completamente en la minería se ha convertido en instructora de un sinnúmero de actividades: en seguridad industrial, en salud ocupacional, en trabajos de alturas y espacios confinados, en prevención de riegos en minería subterránea, en evacuación y rescate minero, en maquinaria pesada y equipo caminero, en combate de incendios y extintores, en control de derrames y aceites…

Y la lista continúa: instructora en maquinaria de construcción, en prevención de riesgos eléctricos, auditora interna en riesgos de trabajo, auditora en normas ISO, ‘coach’ en liderazgo y trabajo en equipo, directora de crucero y Scuba Dive Master, instructora de kayak y rafting. A sus 44 años, los cuales no le intimida decirlo, no para de capacitarse, caminar, correr, leer mucho y viajar. Esta madre de una hija, es una auténtica correcaminos y este 15 de marzo espera sumar una velita más a su vida y a su rica trayectoria profesional.

Como no podía ser de otra manera, sus capacidades las ha nutrido en grandes empresas mineras del país como Ecuacorriente, Río Blanco y Solgold, pero no sin antes haber dedicado un tiempo como instructora de seguridad en espacios confinados para la minería artesanal en Zamora Chinchipe, Camilo Ponce Enríquez y Zaruma. Mientras realizaba esta labor, la gente de Lundin Gold la contactó para que realizara el levantamiento de perfiles de personal. Allí conoció lo que es la minería a nivel de multinacionales.

“Hasta ese momento, yo había trabajado únicamente en la minería artesanal y de mediana industria, allí vi muchos factores de riesgo de trabajo, las personas no utilizan equipos adecuados de seguridad para las diferentes actividades que realizan en su diario vivir, porque se rehúsan a cambiar sus hábitos. Lo más difícil es llevar al cambio de pensamiento, de cultura y de acción. Por ejemplo, para adoptar la vestimenta en un trabajo que se realiza bajo tierra, caliente y donde se suda mucho, al ser humano no le gusta entrar con muchos equipos, más bien, con lo más simple, pero eso no es seguro. He trabajado haciendo supervisiones a 1 000, 2 000 metros bajo tierra, sacando el oro del Ecuador y he visto todos estos problemas”.

Apasionada con los temas de seguridad, Sotelo ha ido perfeccionándose en estas habilidades. Y en esta dinámica, encontró dos cosas que le inspiran sobremanera y que la llenan de mucha esperanza. La una, es el acompañamiento que hace al personal operativo de la industria minera iletrado. Según datos que ella comparte, el 90% de estos empleados no saben leer ni escribir. “Ese factor socioeconómico no ha cambiado, a pesar de que se ha dicho que es un país libre de analfabetismo, eso es irreal”.

La segunda actividad a la que le ha dedicado mucho corazón en los últimos años es a su proyecto “Cascos Rosa Industrial Ecuador”, que, aunque nació en la ExpoMinas de 2019, por razones de la pandemia tuvo que aplazarse su apertura para la ExpoMinas de 2021. “Cascos Rosa Industrial Ecuador es una boutique dedicada a la mujer industrial. Nuestro objetivo es darle el confort y el tinte chic para que se sienta cómoda y bella tanto fuera como dentro de su trabajo. Los productos están certificados y normalizados por normas internacionales y pueden utilizarse en cualquier empresa. Al portafolio se suma, además, nuestra escuela de entrenamiento de inteligencia emocional”.

La idea de los cascos rosa le rondó la cabeza desde que asistió en el 2009 a un congreso minero en Argentina y observó cómo se usa estos elementos como un mensaje de empoderamiento de la mujer en la industria minera. “Conozco casi todos los proyectos del Ecuador, desde multinacionales hasta minería artesanal. Siempre me dan equipo de seguridad, calzado, uniformes y toda la indumentaria con tallaje masculino. Las botas son de hormas grandes, enormes, por lo que trabajar ocho, diez horas diarias con zapatos con puntas de acero, con refuerzo de policarbonato, lastima los pies. Entonces, me dediqué a la labor de buscar una empresa que me haga botas industriales al color que me gusta, a la comodidad que requiero y con las exigencias industriales. Regreso de Argentina enamorada del casco rosa y me di a la labor de buscarme mi casco rosa, mi mochila de pierna rosa, mis guantes rosas y me mandé a fabricar unos zapatos industriales, mis botas, en color rosa”.

A pesar de la pandemia, Sotelo adoptó esta imagen. Utilizaba su equipo de protección personal en color rosa en todas las conferencias que mantenía a nivel online y en las pocas que pudo hacer de manera presencial. Siempre aparecía vestida de ese color. “A las personas les encantó, les fascinó el tema rosado, el tema del empoderamiento, fue muy bien recibido, entonces, estoy en ese camino, ya que la pandemia me mantuvo bastante alejada de la comunicación presencial y mis posibles clientes. Pero en noviembre del 2021 se dio la oportunidad de tener un stand en la Expominas con nuestra boutique. Fue genial, porque las chicas de los proyectos mineros que estuvieron alrededor de nosotros, nos visitaban, nos felicitaban y nos deseaban éxitos. Son ahora nuestros potenciales clientes. Nuestra clientela ha ido creciendo día a día en la compra de los accesorios. Creo que hay un 90% de aceptación. Y dos contratos con empresas grandes avanzan por buen camino”.

Con respecto a la mujer en la industria minera, considera que es muy machista todavía en Ecuador. “Seguimos en un camino estrecho, pequeño, no somos aún muchas mujeres realizando trabajos de alto riesgo. Por eso les digo a ellas que todo depende de cuáles son los objetivos profesionales y personales que tengan y qué es lo que quieran alcanzar. La mujer en el Ecuador ha hecho cambios radicales en estos últimos diez años, pero no hay cómo negar la fuerte presencia del machismo, es algo que lo enfrentamos. Sin embargo, me doy un periodo de mediano plazo, en donde tengamos ya estructurado un grupo femenino con el cual nos encontremos empoderando a más mujeres. No es un sueño, más bien es un plan. No pretendo ser un modelo, pero sí ser una inspiración para seguir aportando en el cambio, porque me gusta que la mujer sea parte del cambio, con pie firme, con fuerza en cada paso que da al andar”.

Tan fuerte como la rutina de ejercicios que realiza todos los días en el gimnasio que se ha montado en su casa, al sur de Quito y de las caminatas o corridas a las que se da tiempo tres veces a la semana, coronando el Panecillo. De carácter sonriente y amable, es un libro abierto de anécdotas y de experiencias que las cuenta permanentemente en su cuenta de Linkedin. Exhabitante por años de Galápagos, extraña a veces las jornadas de buceo o kayak. Divorciada, no extraña mucho la vida en pareja, porque, asegura, que hoy puede tener mucha libertad de acción, de opinión y de hacer cosas a su gusto y a su manera, como diría la canción de Frank Sinatra. “Porque, a pesar de que la sociedad marca el éxito de una mujer con formar un hogar, en mi caso, no me gusta mucho porque me corta la libertad de acción que tengo en mi trabajo y mis preferencias como deportista”. Habla inglés, francés y alemán, lo que le ha servido para interlocutora, muchas veces, en los campos entre las distintas culturas que confluyen. No tiene miedo. Y a lo largo de la última década en el ámbito minero, lejos de asustarse, más disfruta.

“Estoy visitando todo el tiempo proyectos y hablando con muchas gerentes, que son mujeres. Queremos tener más operadoras de máquinas, seguir pintándoles de color rosa e ir empoderándolas. Creo que en este camino todavía hay mucho por lo que luchar, porque estamos en un ambiente machista, pero sé que es posible cambiar”.