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La cascada de oro de Cununyaku

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Es buen momento para aprovechar el verano en la Sierra. Una alternativa es esta caída de agua sulfurosa y ferrosa de 12 metros. Es un punto turístico poco conocido, pero que es de fácil acceso.

Es de ley. Ningún caminante, aventurero o amante de la naturaleza puede arrogarse el título de “senderista” si no se ha quedado sin palabras cuando se topa, casi de improviso y frente a frente, con la Cascada de Oro.

Esta caída de agua de 12 metros de altura impresiona y cautiva. Cautiva por ese tono dorado tan atrayente, que se mete por los ojos como si fuera una joya del oro más puro. Tono que se vuelve sublime cuando los arrebolados soles del atardecer la encienden como si fuera una fogata cósmica. Impresiona por el fondo dorado de su cauce, que ha sido cincelado desde hace millones y millones de años por el agua sulfurosa y ferrosa que se “escapa” de las termas naturales más arriba.

Estas termas son, asimismo, famosas por sí mismas porque son muy particulares. En ciertos días alcanzan temperaturas de hasta 43 grados centígrados pero, en otros, sin que se sepa bien el por qué, no pasan de los 15 o 20 grados centígrados.

El acceso a estos dos milagros naturales no es difícil, y lo pueden realizar desde los neófitos hasta los caminantes empedernidos. El sitio se conoce como Cununyaku (agua humeante). Está emplazado en plena Reserva Ecológica de los Ilinizas. Existe una vía de tierra en aceptable estado que lo conecta con el pueblo más cercano, Pastocalle, ubicado 11 kilómetros al sureste. Esta parroquia cotopaxense se encuentra, asimismo, a tres kilómetros de la Panamericana Sur, la principal vía de acceso, aunque también hay otras conexiones, como la vía Lasso, Pastocalle, Tanicuchi, Guaytacama…

Todas las rutas están bien señalizadas, por lo que no es fácil perderse. Y si eso le llega a ocurrir, se puede nomás preguntar sin miedo ni recelo pues los residentes del lugar son muy amables y serviciales. Solo una salvedad: si le dicen “aquicito nomás es” o “tras la lomita nomás queda”, no se confíe: siempre, siempre el destino está más lejos.

La Cascada de Oro y sus termas vecinas no son los únicos anzuelos que ofrece esta reserva natural. El paisaje paramero muestra sus características en su máxima expresión. El bosque de polylepis que cubre gran parte de la reserva es, como todo arbolado de esa especie, mágico. Los clásicos rebaños de ovejas para lana o de vacas para leche completan el bucólico panorama. Ah, los grandes viveros que producen coles, brócolis y espárragos de exportación son los nuevos componentes del paisaje y en los días luminosos, sus techos de plástico refulgen como espejos gigantescos.

Accesos y actividades

  • En un sub o 4×4 se puede llegar hasta el último parqueadero sin problema. El ingreso queda al sur del poblado (vía a Tanicuchí) y está bien señalizado. También existen camionetas que llevan hasta el lugar. El valor es de USD 30 hasta el último parqueadero o USD 15 hasta la mitad del camino.
  • Se puede caminar desde el ingreso hasta las termas, aunque el trayecto es largo (11 kilómetros) más el recorrido a la cascada o las termas. Se puede acampar en los lugares que están destinados para ello. Para eso, es mejor que busque información en el pueblo, por seguridad.
  • Como el clima es el clásico de páramo, las temperaturas pueden bajar hasta los 0°C y las lluvias se presentan de improviso. Es necesario, por esa razón, llevar ropa abrigada, chompas rompevientos y similares.

Por: Victor Vizuete.